Sorprende que una bajada generalizada de impuestos en Cartagena no sea aplaudida por todos

Me sorprende, indigna y entristece lo que leo en estos momentos en las redes sociales por parte de supuestos miembros del Partido Popular. Quiero pensar que por la cercanía del pleno municipal, por falta de preparación para ser titular de un cargo o incluso por falta de formación para poder opinar en el ámbito económico.

El problema es que una bajada generalizada de impuestos en la ciudad de Cartagena, cosa que tendría que ser aplaudida por todos los agentes sociales, no ha cosechado más que un mar de criticas destructivas desde el partido popular, lo cual no revela más que una falta de pasión por el bien de sus conciudadanos y sí una animadversión enfermiza contra la gestión de un gobierno, que muy a pesar suya, está levantando las arcas municipales.

No creo que nadie esté tan engañado que no vea que la deuda municipal y el origen del pozo sin fondo de la falta de liquidez en esta ciudad, esté en la nefasta gestión de inversiones del erario público en las dos décadas de gobierno popular de Pilar Barreiro, en las que se obviaron los principios más básicos de una inversión que genere crecimiento económico y que cualquier estudiante de economía podría enumerar de memoria.

Durante años se han invertido nuestros euros en las más disparatadas obras más parecidas por su utilidad aun mausoleo funerario egipcio que a otra cosa. Se han construido coliseos sin otro uso que la recreación a la vista, como puede ser el desgraciado palacio de deportes donde no se practica ningún deporte o un Batel que genera más gastos que ingresos, por no decir de todo tipo de subvenciones a todo tipo de colectivos sin otra utilidad aparente que ser “el opio del pueblo”, es decir, tener a la gente contenta cuando se acercan las elecciones.

Frente a eso y muy a pesar de la mentalidad de los “populares”, se ha realizado una política de saneamiento económico, que no solo ha llenado las arcas municipales hoy, sino que con una sabia gestión de la deuda, asegura un equilibrio lógico entre ingresos y gastos y que permite una viabilidad económica futura para nuestra ciudad. No solo contrastada por el parecer del gobierno municipal, sino por el de técnicos de reconocida solvencia profesional.

Ante eso el Partido en la oposición puede esgrimir, además de la deuda municipal existente (a lo mini Barberá), una descabellada política económica y fiscal dirigida por un gobierno nacional y encabezada por el Señor Montoro, carente de imaginación y de visión en la realidad.

La política fiscal oficial no consiste más que en descapitalizar nuestra nación a costa de los contribuyentes, sobre todo cuando más indefensos estén: familias, Pymes, autónomos…, que no tienen estructura ni recursos para parar la apisonadora en la que se está mutando la Agencia Tributaria, y que lejos de ser la herramienta para una redistribución de riqueza justa, es una máquina inquisitiva que se ensaña con quien no puede defenderse o con quien es víctima de las iras del ministro Torquemada.

No se ha pensado jamás, (y esto es una opinión que se pede contrastar con la de cualquier economista), en la inversión. Solo en la recaudación. Una política que empobrece a cualquier estado por muy desarrollado que esté.

Y digo carente de imaginación porque es obligación de un administrador la de pensar en sus administrados y en el bien público. Y por supuesto, pagar, pagar y pagar, no es la solución para levantar una economía. Sobre todo a base de descapitalizar las bases, que son las que tienen que invertir y generar la riqueza con la que seguir pagando la deuda generada – no lo olvidemos – por unos gobernantes no cualificados para gobernar.

Esta mañana me hacía estas reflexiones. Y mientras que los mandamases de Madrid aprietan más y más, los de Cartagena suavizan, gestionan y administran sus recursos y bajan los impuestos de manera generalizada, gradual, estructurada y meditada.

Y cuando más orgullos estoy de ver la labor municipal y contrastar que sí se pueden hacer las cosas de otro modo, me encuentro con las airadas críticas de una oposición que les recrimina una bajada inferior a la prometida, les echa en cara unos números abstractos, y en definitiva, sin mirar al desastre que su gestión está llevando a esta España nuestra, piensa más en destruir a sus enemigos políticos que en levantar y enriquecer a su tierra.

Sorpresa, indignación y tristeza por esta sociedad nuestra, pero ilusión por aquellos inconformistas quijotes que todavía creen que esto tiene solución.

Joaquín Alfonso Moya de la Torre y Cerón

Economista

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